Sin reloj, pero con tiempo

Tesoro de las palabras fundamentales para vivir en el Siglo XXI

miércoles, 7 de julio de 2010

La educación del estoico

‘Tudo que faço ou medito’

Porque no hay una sola frase traída al albur del recurso: todo es argumento y consistencia. Intensidad intelectual e intensidad moral nos acompañan en la trayectoria vital del Barón de Teive, un heterónimo más, que “siempre (ha) tenido más miedo a la muerte que a morir” y se retrata en su pasión por comprender qué es lo que mueve a las personas al amor y al desamor. La presión del destino sobre la posición del hombre, la aceptación del momento que le toca vivir a cada una de las personalidades que construyen a la persona (desde la coherencia vital de Pessoa). Un regalo para las ganas de leer y pensar y leer y disfrutar y leer y... ¡qué bien!

El honor y el silencio son el territorio y patrimonio del hombre que se busca de manera circular e infinita. La rebeldía de las emociones frente al pensamiento, la participación de la voluntad en la inteligencia, el deseo de pasar desapercibido en las formas y apreciado en los fundamentos. Estoicismo destilado, huesos sustentados en la decencia del los pensamientos defendidos y valores justificados en la educación. Educación entendida al modo de los anglosajones.

“La certeza es el dominio de los locos”. No duda el Barón de Teive, como no duda Pessoa y no nos permite sufrir a los demás, que ya está él para acodarse al dolor. “El placer es para los perros”, para nosotros el disfrute y la falsa indiferencia del cariño y del escarnio. Sólo se nos permite comprender y actuar.

El tedio de vivir está en la propia manera de comprender al estoico que Pessoa ve en todos nosotros, lectores a los que respeta, amigos desconocidos.

Unas palabras para el editor: gracias por cuidar el continente y facilitar la lectura. Una sólo para el traductor: ¡bien! [En editorial El Acantilado, 2005]

Sunset

¡Eeeeeeee!
¡Eeeeeeee!
¡Eeeeeeee!

Intrépido, distinto,
como la precisión de la palabra,
perfecto y delicado,
el sol se pone despacioso, tierno,
cayéndose, sin tiempo, indiferente
a los que no le miran
ni sienten que su luz se desvanece
en rayos acodados
al horizonte de la mar en calma.

El sol se pone en besos disparados
y se acomoda en retinas ajenas.
La luz te dice cosas
y tú no le contestas,
la miras, no te escondes,
te descompones y coloras, rasgas
las horas que conciben horizontes
y dices: ¡vale, venga!
El sol se aleja; entonces te confortas
con su caída, miras
y el ciclo de la vida se alimenta.

Aún no se ha puesto, grita con su luz
y ya convoca el ritmo de su ocaso.
Todos miramos lento.
Se tomará su tiempo
y se enrojecerá cuando le duela,
estemos o no estemos en su juego.

[Bueu, playa de Portomaior,
con cuatro o cinco güisquis encima, viéndole despedir el día por la isla de Ons]

Siempre imaginamos

Siempre imaginamos
que existiría el día perfecto
y afortunadamente no es así.
Nos abandonamos
en imaginario proyecto
para cambiar despueses por aquí.

Atrás en la memoria
desabarcamos la conciencia yerma
de vítores. Recuerdos elocuentes
congregan su silencio de autopista
metidos en la noria
de torpes cangilones, el esperma
que da vida a caricias infrecuentes
subidas a la voz de un alquimista
barato.

Levanta el hombre apuestas de futuro
para absorber perfumes, la nariz
es la protagonista de la cara:
¡no hay como oler para sentirse vivo!

Al rato
sentimos la sazón de lo maduro,
la concreción del tiempo y el matiz
que siempre imaginamos ocupara
la plenitud que acude sin motivo.

Historia secreta de una novela

Trepidante y mágica. Hay que buscarla en librerías de viejo (o casi); está en Tusquets Editor, Barcelona 1971. Tiene 75 páginas. Y es de lectura obligada, si no quieres que te pongan "punto negativo como lector".

Vargas Llosa levanta un documento impreso en letras verdes en el que nos cuenta por qué, para qué y cómo escribió “La casa verde”. Comienza desnudo, para vestirse poco a poco con la novela: los palacios interiores de las personas; los amuletos exteriores de ladrillo que manifiestan el poder de los individuos; la presencia mágica de las ciudades, como es el caso de Piura; el profundo respeto a lo humano. Todo acompañado por un personalísimo sentido del humor.
El acto creativo ocurre porque sí. El prodigio de la palabra es tan íntimo que sucede para uno mismo. Si los demás lo disfrutan, mejor para ellos.

martes, 6 de julio de 2010

En el zaguán de tu calor

Soy la persona
que no te fallará,
también tu penitencia,
el aire de tus manos.
Si pisas por el mundo por el que yo camino,
tú rasgarás mi ropa para alcanzar la carne
y rasgarás mi carne para alcanzar la sangre,
derramarás la sangre para tocar mis huesos,
machacarás los huesos para besarme el alma,
el viento y las montañas,
el fuego en las estrellas,
lo habrás visto ya todo
cuando quieras mirarme.

Soy la persona a
quien nunca fallarás.
Mi canto irá fundido con la brisa,
mis ojos congelados en tu tiempo.
Caminarás la tierra del polvo de mis huesos,
el sol se ocultará tras mi última mirada,
la luna será el grito que nunca te he ocultado.

Soy la persona
que no te fallará:
tus duelos y lamentos rellenarán mis pasos.

Soy la persona a
quien nunca fallarás;
seré tu sombra,
seré tú siempre
y llegará un momento
como un anochecer
que moverá las sombras,
enfriará la tierra,
congelará los ríos,
enquistará las plantas,
la tierra será oscura,
el río será oscuro,
nos quedaremos solos.

Somos las dos personas
que no se fallarán:
cantaremos juntos,
nos haremos juntos,
comeremos juntos,
viviremos juntos.

Somos las dos personas
que no se fallarán.

lunes, 5 de julio de 2010

Canción de amor al sol

Quiéreme con tu calor,
cariño, que yo te quiero;
quiéreme sol habanero,
dile a tu canción mulata
que su sonrisa de plata
quiero por invernadero.

Invernadero de versos,
canción de tupida calma
donde me habitan el alma
la vida, la luz y el viento
de la pasión que yo siento
cuando me mira una palma.

Una palma, un son, un ron,
un ronrón de horas despiertas
con las ventanas abiertas
para acoger al viajero:
querido sol habanero
déjame tus manos prietas.

Quiéreme con tu calor,
cariño, que yo te quiero;
quiéreme sol habanero,
dile a tu canción mulata
que su sonrisa de plata
quiero por invernadero.

Cordura, honor y compromiso

"Un encargo difícil" ganó el Nadal en 2005. Una historia equilibrada acerca de la inutilidad del rencor y la belleza de las actitudes transparentes y generosas. Un autor que dice lo que piensa, sin detenerse en lo políticamente correcto y sin destilar bilis.

Con una propuesta de actitud: “la vida es estar incómodo en algún sitio”, Zarraluki construye una novela de ganadores. Todos sus personajes, magníficamente presentados (el autor siempre nos sitúa, explica el porqué de su aparición y acota su estilo individual) y definidos con pulcritud, tienen algo que contar: unos su dolor, otros su miedo, algunos sus frustraciones, los más sus razones para vivir. Un mosaico de desheredados de la fortuna se convierte en la ocasión para reclamar la gloria de la persona por el hecho de serlo y reivindicar el derecho a sentir y expresar lo que se vive y siente.

Un encargo difícil: matar; difícil incluso para quien lo ha visto y sufrido ya casi todo, hasta el punto de estar moralmente anestesiado. De qué manera más bella ofrece Zarraluki una salida al personaje: lo difumina y crea un ambiente coral que se encarga de llevar la trama hasta la solución. Son los demás quiénes le resuelven la papeleta. Por eso es una novela de ganadores.

A veces hay que hablar, sacar los pensamientos que sobran...procurando que las palabras sean más interesantes que el silencio. Ése es el lugar del narrador omnisciente que entra y sale de los personajes: ora es Camila, ora Leonor o Felisa (el resto hace el coro de la tragedia, sin perder nunca su protagonismo en escena). Un narrador que presenta la frustración de una guerra en la que todos han perdido algo, sea su carrera, un ser querido, un proyecto, una razón, una obsesión, una bondad o una maldad. “Al final, lo único importante es no morir avergonzándonos de lo que hicimos”.

Cabrera es el escenario. Realmente es tal como la describe, la narra, la pinta y acaricia el autor. Una isla pequeña en la que cabe un mundo muy grande: sus aguas profundas y de azules apasionantes y varios conforman el paisaje que mece suavemente las historias: el militar responsable y perdido, el cantinero borracho, la cantinera mujer requetemujer (la más grande como persona, la que integra, resuelve sin juzgar y exige a los demás integridad y humanidad), la viuda desterrada, la hija inmolada, el pescador cabal, primario y fundamental. Todo un mundo de sensaciones y sentimientos. El mejor momento: la oración de Felisa por Pascual, de una humanidad infinita y elemental.

La obra está escrita con cadencia de llaut: a motor, despacio y firme. Tiene también la borda perfecta para la pesca de la literatura. No sólo abundan las metáforas, las comparaciones acertadas, las sinécdoques precisas y bien traídas, sino que las palabras ejercen de tales, dicen lo que quieren decir, no se escapan de la narración; los adjetivos definen el contorno de las descripciones con precisión y elegancia. Nota para los correctores: hay que vigilar la puntuación y los anacronismos.

Para aficionar a la lectura. Una novela escrita con tanto arte como oficio.